Construido en la década de 1930, este puente colgante se convirtió en una obra fundamental para conectar San Pedro de Macorís con otras comunidades del Este y facilitar el tránsito por una región cuyo desarrollo estaba limitado por el caudaloso río Higuamo.
La historia de esta estructura, sus características de ingeniería y su estado actual fueron documentados por el historiador y escritor Ramón Díaz Mejía en un trabajo publicado originalmente en Acento bajo el título “Puente Ramfis: el puente que unió el Este (1 de 3)”.
Antes del puente, el río se cruzaba en barcazas
Cuando la carretera Mella fue inaugurada en 1922, el desarrollo de las comunicaciones hacia el Este dio un importante salto. Sin embargo, el río Higuamo seguía representando un obstáculo para quienes transitaban por esta vía.
Los vehículos tenían que utilizar barcazas con plataformas guiadas mediante cables para trasladarse de una orilla a otra. El sistema permitía el paso de personas y vehículos, pero evidenciaba la necesidad de construir una estructura permanente sobre el río.
La idea de levantar un puente había comenzado a estudiarse desde 1917. Sin embargo, las características del terreno complicaban el proyecto: estudios posteriores determinaron que el suelo firme para cimentar se encontraba a una profundidad aproximada de 90 pies.
La solución terminó siendo una estructura colgante de grandes dimensiones.
Una obra monumental para la época
El contrato para construir el puente fue firmado en julio de 1933 y los trabajos comenzaron el 18 de noviembre de ese mismo año.
La construcción presentó importantes desafíos técnicos. Fue necesario excavar para levantar los pilares, trabajar con filtraciones de agua y utilizar equipos especializados para extraer grandes cantidades de agua. También se levantaron torres de acero, anclajes y un complejo sistema de cables de suspensión.
Uno de los aspectos más impresionantes es la rapidez con la que se completó la obra. La fase de montaje de la estructura metálica tomó apenas 58 días, mientras que todo el proceso constructivo culminó en menos de siete meses.
El puente incorporó unas 7,800 toneladas de materiales, incluyendo aproximadamente 1,200 toneladas de acero y asfalto destinados al tablero.
Su estructura contaba con una luz central de 554 pies y dos laterales de 245 pies, alcanzando una longitud total de 1,044 pies entre los puntos de anclaje. Para la época, se convirtió en el puente de mayor tamaño construido en República Dominicana y las Antillas.
Un puente que también forma parte de la historia dominicana
La inauguración tuvo lugar el 18 de mayo de 1934.
La estructura recibió inicialmente el nombre de Puente Ramfis, en referencia a Rafael Leónidas Trujillo Martínez, hijo del entonces presidente Rafael Leónidas Trujillo.
Décadas después, tras el final de la dictadura, la Ley 5880, promulgada en 1962, dispuso la eliminación de nombres y símbolos vinculados al régimen trujillista en espacios públicos. El puente pasó entonces a denominarse oficialmente Francisco del Rosario Sánchez.
A pesar del cambio oficial, el nombre de Puente Ramfis continúa formando parte de la memoria colectiva de los habitantes de la zona. También es conocido popularmente como Puente de la Cementera.
Una experiencia para los amantes de la historia y la aventura
El valor del puente no está únicamente en su antigüedad. Su sistema estructural ofrece una oportunidad para acercarse a una parte poco conocida de la historia de la ingeniería dominicana.
Díaz Mejía relata que realizó un recorrido por la estructura junto al académico Billy Taveras, tanto en vehículo como a pie. Durante la exploración también accedieron a una cámara subterránea de anclaje donde pudieron observar las placas de acero y los enormes cables encargados de absorber y distribuir las tensiones de la estructura.
Este tipo de recorrido convierte al puente en un potencial atractivo para el turismo histórico, cultural y de aventura, especialmente para visitantes interesados en arquitectura, ingeniería, patrimonio y lugares poco convencionales de República Dominicana.

Más de 90 años sobre el Higuamo
Más de nueve décadas después de su inauguración, el antiguo Puente Ramfis continúa en funcionamiento.
Su protagonismo en el tránsito regional disminuyó considerablemente a partir de 2007, cuando el vecino puente Mauricio Báez asumió buena parte del tráfico de la Autovía del Este.
Sin embargo, la antigua estructura conserva una función como vía local y continúa siendo utilizada por comunidades cercanas, entre ellas el batey Angelina y el municipio de Quisqueya, para su conexión cotidiana con San Pedro de Macorís.
Hoy, además de ser una infraestructura vial, representa un testimonio de la transformación de las comunicaciones dominicanas durante el siglo XX.
Para quienes recorren el Este en busca de experiencias diferentes a las tradicionales playas y complejos turísticos, el puente ofrece una perspectiva distinta de la región: una aventura por la historia, la ingeniería y el patrimonio que permanece oculto a simple vista.
Crédito
Este artículo fue elaborado a partir de la investigación “Puente Ramfis: el puente que unió el Este”, publicada originalmente en Acento por el historiador y escritor Ramón Díaz Mejía. Los datos históricos y técnicos citados en la investigación proceden, entre otras fuentes, del Álbum de la inauguración del Puente Colgante Ramfis, conservado en el Archivo General de la Nación (AGN).








